martes, 12 de febrero de 2013

El río Guadalquivir

Nos cuenta el geógrafo, historiador y filósofo griego Estrabón cómo Sevilla era una ciudad de renombre y describía de este modo los márgenes del río: "Las campiñas que bordean sus orillas y las pequeñas islas que se encuentran en el curso del río están cultivadas con esmero. Además, el paisaje tiene una vista preciosa ya que sus tierras están adornadas con bosques y otras clases de plantaciones".

Híspalis, eminente centro comercial de la Bética, acogía barcos de gran tamaño, que podían alcanzar hasta 400 toneladas y que presumiblemente habrían de ser remolcados por pequeñas barcas de remo a causa de la escasa movilidad de los mismos. Más adelante serían los árabes quienes se sintieran deslumbrados ante la belleza del Betis (nombre que dieron al río los romanos), al que llamaron Río Grande (ese es el significado de la palabra Guadalquivir –wadi al-kabir-).
 

Fue en el s. XIII cuando la Torre del Oro comenzó a reflejarse en las aguas del Guadalquivir, que a partir del descubrimiento del Nuevo Mundo vendrá a cobrar una importancia incomparable: gracias a él, el puerto de Sevilla se convirtió en el centro de donde partían sin cesar hombres, barcos y materiales con destino a las islas del Caribe y la exploración de las Costas del continente americano. Al mismo tiempo, este puerto de Sevilla era el receptor de todo el tráfico con el nuevo continente.

En el s. XII se constata la existencia de un puente de barcas sujeto en dos grandes malecones para comunicar Sevilla y Triana, puente que perduró hasta las décadas centrales del s. XIX, cuando se construyó en aquel lugar el puente de Isabel II, más conocido como puente de Triana.

Pero el puerto de Sevilla perdió su importancia debido a que fueron incrementando progresivamente las malas condiciones del fondo del río, lo que obstaculizaba el acceso a los navíos. Por este motivo se produjo el debilitamiento de la actividad comercial. En 1717 el monopolio comercial con América se trasladó a Cádiz y fue entonces cuando empezó la crisis económica de Sevilla.

A partir de estos momentos la mano del hombre entra en acción para eludir estos problemas y para combatir igualmente las riadas que sufría la ciudad. Pero las obras de defensa contra el río lo iba alejando más y más de Sevilla y de sus habitantes, alejamiento que llegó a su límite en 1948 cuando se produjo el aterramiento de Chapina. Gracias a la Exposición Universal de 1992 el río ha dejado de ser una dársena y sus aguas han vuelto a fluir libremente.

El programa de actuaciones desarrollado entonces ha integrado al río en la ciudad, dejando su cauce y sus márgenes para disfrute de vecinos y visitantes.

El desaterramiento de Chapina permitió recuperar 4 Km. de río, y desde San Jerónimo hasta la esclusa, el Guadalquivir dispone de un nuevo y apacible recorrido de 11.4 Km. Además los márgenes del río fueron acondicionados y remodelados con importantes actuaciones en ajardinamientos y restauración de los edificios históricos que se alinean en sus orillas, como el Monasterio de San Jerónimo, el Monasterio de San Clemente, la Cartuja de Santa Mª de las Cuevas.

A esto hay que sumar que la demolición del muro de la calle Torneo permitió la creación de un espléndido paseo por la ribera del Guadalquivir, frente al recinto de la cartuja, con una longitud de 2600 m, con numerosos espacios para el deporte, el ocio y el esparcimiento. Y además, los nuevos puentes construidos sobre el río...

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